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domingo, 1 de mayo de 2016

Feliz Día, Madres.



Hola queridos lectores. Hoy es el día de la Madre, felicidades a todas las madres que me lean, felicidades, a ellas, las primeras mujeres de nuestras vidas, por mucho que vivamos, ellas estarán siempre en el top, de las mujeres más grandes que hayamos conocido nunca. Porque no cualquier mujer vale para ser madre, hay algunas, que por desgracia, se ven en la situación de tener que convertirse en madres, sin tener la capacidad de serlo, y eso trae nefastas consecuencias y finales oscuros y trágicos... Así que una madre, al menos para mí, no sólo es una mujer que tiene descendencia, es aquella que la cría, cuida y mima como sólo las auténticas madres saben hacerlo. Así que hoy es su día, el día de las auténticas madres, las que de verdad lo merecen. Las que de verdad merecen tan título.
Si me permiten, me gustaría contarles una anécdota de mi adolescencia. La adolescencia es una época difícil, las personas empezamos a quitarnos el velo de la niñez y a ocultar dentro de nosotros nuestra inocencia, afín de no ser heridos por ella. Cada golpe que nos llevamos, cada bache que pasamos, entierra la inocencia más al fondo... Hay gente, que por desgracia llega a perderla del todo, por recorrer largos y tortuosos caminos. Es una época dura, donde empezamos a ver como es el mundo de verdad, a ver todo lo malo de él.
Este mundo, a día de hoy es un lugar horrible, no vamos a mentir, ni a edulcorar algo porque sí. Y es así por la culpa de quienes lo pueblan, nosotros, en la mayoría de los casos.
Este mundo es un lugar inhóspito y hostil. Pero es un lugar, con una serie de cosas especiales, gratas y buenas, que hacen, que pese a lo duro que es nuestro mundo, merezca la pena seguir en él. Tiene cosas buenas, cosas que nos pueden hacer felices, que pueden alimentar nuestra inocencia, nuestra bondad y valores, cosas que pueden darnos paz, cosas que nos hacen mejores personas, cosas que meten luz en nuestra alma, que insuflan fuerza a nuestro espíritu. Cosas que consiguen lidiar contra el oscuro hollín de la crueldad humana, y de la maldad y la injusticia.
Las madre son una de esas cosas, uno de esos agentes que nos protegen de lo malo y nos enseñan lo bueno.
Como decía, perdonen por mis divagaciones, les voy a contar una anécdota.
En mis días púberes, afronte una situación difícil, un problema de adulto, algo que me cruzó la cara con fuerza y me dejó un aire melancólico durante algunos días. En fin, todos hemos recibido golpes así, no es nada bueno. Lo remarcable de este hecho fue el comportamiento de mi madre, un madre de título, de definición. Una madre, que con todos mis respetos, es la mejor. Las hay muy buenas, pero la mía es la mejor, al menos a mí modo de ver.
Yo no estaba bien, mi madre lo notaba, y la pobre, imagino que no sabía bien que hacer, pero era una madre, y no pensaba rendirse. Un día, un Sábado concretamente, mi madre se acercó, me despertó y me dijo que ya era hora de levantarme, aún somnoliento asentí y remoloneando un poco empecé a moverme para despejarme y ponerme en pie. Mi madre, haciendo como si no quisiera levantar de la cama, me empezó a hacer cosquillas mientras con la voz más dulce me reprochaba con un tono risueño que remoloneara, me empezó ha hacer cosquillas, muchas, yo estaba somnoliento aún, no estaba al cien por cien, y no conseguía pararla. Yo por aquel entonces ya tenía cuerpo de hombre, era más grande que ella, más fuerte.. Sin embargo no sé si a causa de mi somnolencia, o porque las madres tienen poderes especiales, ella conseguía escurrir los brazos y muñecas cuando los agarraba para que no me hiciera cosquillas, sus manos se me escurrían de las mías, más grandes y más fuertes y volvía ha hacerme cosquillas mientras reía y reía, y me hacía reír a mí. No sé cuanto rato duró. Sé que reí muchísimo. Que estaba en unos días en los que no era capaz de dibujar una sonrisa en mi rostro, y que ella me la puso, arrancándome grandes carcajadas. Quizás a otro le hubieran molestado las cosquillas, quizás con otro no hubiera servido esa táctica. Mi madre me conoce, ella me parió. Y ese día mi madre me hizo reír, y algo dentro de mí cambio, quizás sólo necesitaba reír, necesitaba que mi madre desenterrara un poco mi inocencia, con afecto, ilusión y energías. No lo sé, sólo puedo afirmar que estaba mal y que mi madre, cambió eso. Y para rematar un trabajo bien hecho me preparó mi desayuno favorito. Poco le faltó para encender un puro al final y soltar un "Me encanta que los planes salgan bien". En fin, así son las madres. Gracias por esos millares de cosas que has hecho por mí, Mamá.
Bueno, creo que ya hemos dejado claro lo importantes que son estas mujeres en nuestras vidas, lo grandes que son, y todo lo que se merecen. No es plan de agobiarlas con demasiadas palabras y que aborrezcan a su progenie. En resumen... Gracias Madres, sois las mejores, gracias a todas, por ser tan increíbles, y sobre todo a una. Feliz día de la Madre.

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